Emilio Morenatti: "Mi misión es hacer belleza de la tragedia"

Jorge Fernández Arribas / Club Internacional de Prensa. - Emilio Morenatti es, sin duda alguna, un periodista ejemplar. Sus imágenes nos introducen de lleno en historias tan cautivantes como conmovedoras, haciendo que nos sumerjamos totalmente en su realidad. La carrera profesional de Morenatti ha estado llena de riesgos y desafíos, los cuales le han hecho actuar con resiliencia para poder, a pesar de ello, sacar lo mejor de él mismo.

Su labor periodística y su personalidad han marcado a una generación de periodistas. Tanto es así, que Javier Martín-Domínguez se ha encargado de expresar con palabras cómo ha llegado Morenatti hasta donde está ahora; y cómo se ha convertido en quien es actualmente.

Emilio Morenatti, desde los ojos de Javier Martín-Domínguez

Sin testigos, las guerras devienen en barbarie impune. La fotografía se ha convertido en la gran arma para dejar constancia del mayor delito humano: matarse los unos a los otros. Emilio Morenatti decidió ser notario de nuestro tiempo y ha recorrido desde Afganistán a Ucrania con la misión de abrirnos los ojos. Su catálogo de horrores está enmarcado con una mirada artística que les hace aún más penetrantes en nuestra conciencia. Por ello ha sido merecedor de varios reconocimientos, incluidos además del Pulitzer los recientes del Club Internacional de Prensa y la Universidad Europea, y el de fotógrafo del año del Atlanta Photojunalist Seminar.

Emilio Morenatti, un verdadero periodista al límite
Emilio Morenatti recibe el premio Periodismo al Límite en los Premios Internacionales de Periodismo 2022

En una noche de farra y sueños, dos amigos hicieron sus apuestas por lograr lo imposible. Llegar más alto y llegar más lejos. Uno de ellos terminó comprándose la grúa más potente del sur de Europa convirtiéndose en un empresario de pro. El otro aseguró que se gastaría medio millón que no tenía en adquirir el mejor teleobjetivo del mercado y dar un salto internacional en la fotografía. Emilio Morenatti invirtió un dinero que difícilmente recuperaría con sus trabajos habituales, siguiendo partidos de baloncesto y eventos locales alrededor de Jerez de la Frontera.

Rumió durante años el salto a la fotografía de grandes conflictos y cuando se presentó la ocasión, no dudo un instante y allá se fue. Saltó de inmediato al otro lado del Estrecho de Gibraltar y se plantó en Marruecos nada más escuchar la primera noticia sobre “la invasión del islote de Perejil”. No viajó solo. Le acompañaba su flamante teleobjetivo del medio millón. Gracias a él avisto con nitidez las rocas y sobresaliendo sobre ellas las siluetas de los aventureros que había tomado la isla. Las fotos se vendieron mejor que ninguna de las que había hecho hasta el momento. Amplio su repertorio de disparos. Y no contento con el trabajo a distancia, cuando todo acabó y se resolvió la crisis compró con un colega una lancha hinchable y se presentó en el islote para recabar las huellas de lo que pudo ser un conflicto de envergadura. Perdieron la barquita pinchada, pero gano una llamada de la agencia Associated Press. “¿Y a quién se le ha ocurrido eso?". Pues de su ocurrencia le salió el primer contrato internacional tan anhelado. AP le ofrecía hasta elegir destino donde apuntar su tele: Cuba, Irak o Afganistán.

Morenatti eligió el país en guerra, del que saldrían sus primeras muestras del gran fotógrafo de guerra que podía ser. Pero también fue el lugar donde dejó parte de su cuerpo. En una emboscada, sufrió un ataque con granadas que obligarían a amputarle un pie. Contra pronóstico, eso no le detuvo. Desde entonces, no ha parado y estos días ha mostrado al mundo con su crudeza la guerra de Ucrania. Emilio Morenatti busca a la genta para protagonizar sus fotografías. “Hay que posicionarse antes de que ocurran las cosas, física y mentalmente”. Cuando el COVID nos vino a visitar y cualquier acceso estaba prohibido, Emilio decidió seguir a una médico de atención primaria. El rastro de la emoción le llevo a retratos del dolor, la soledad y la muerte a una escala que entonces todos desconocíamos.

La guerra de Morenatti suele tener unos rostros definidos que protagonizan la foto en un escenario claro. “Mi misión es hacer belleza de la tragedia”, porque de esa forma sí se llega al destinatario de las imágenes tomadas: el público que debe saber qué sucede. Califica de “imágenes bíblicas” las que le ha tocado contemplar en este conflicto tan próximo, lo que le sucede “a una sociedad tan parecida a la nuestra”. “He llorado en muchas ocasiones. He abrazado a la gente que no conocía por empatía. He contemplado escenas muy duras, que te marcan para siempre”. Tampoco confunde su papel. No es ni un sanitario, ni miembro de una ONG. No está allí para socorrer a las víctimas (“porque hay especialistas que lo harán mejor”), sino para recoger y trasladar su testimonio visual, que gracias a su cámara ha llegado a las portadas de los medios internacionales más importantes, del The New York Times, al Financial Times o Liberation.

Dice Morenatti que su especialidad es “lo cotidiano”. No está buscando el disparo del soldado, sino el ciudadano solo, sin luz o sin agua, el niño junto al cadáver de su madre en un entierro improvisado, los novios que se despiden en la estación de ferrocarril de Kiev... La vida trastocada de un pueblo entero ejemplificada en un instante de dolor. Sus imágenes con un encuadre pictórico y una luz dramática son de las que sacuden como un aldabonazo y permanecen en la memoria. “El compromiso cuando cubres este tipo de historias es tan fuerte, que no puedes hacer una imagen mediocre” .

Buscando esas historias para que nosotros nos acerquemos a la tragedia, él vivió la suya en carne propia. A pesar de la marca indeleble al ser herido en Afganistán y serle amputado un pie, considera su momento profesional más difícil el vivido recientemente en un bosque de Ucrania mientras los disparos se sucedían. Cinco interminables horas de angustia, en los que dudó seriamente en poder salir vivo de allí.

El destino le tenía preparado, en cambio, un viaje inmediato a otro encuentro histórico. Londres y el entierro de la longeva Reina Isabel. ¿Sabían lo que hacían sus jefes en la agencia sacándole de Kiev y mandándole a Londres? Las fotos generadas una vez más colocarían en primera plana a Morenatti. Su sabiduría para captar lo cotidiano -en aquellas interminables colas de despedida de los ciudadanos británicos– y su manera de enmarcar la imagen para hacerla histórica le llevan a los honores de ocupar las portadas de diarios, revistas y medios digitales del mundo entero. Ha llegado más lejos que su caro teleobjetivo que le abrió las puertas del mundo internacional. Ha pagado el duro precio de contarse entre los heridos de guerra. Pero Emilio Morenatti no cesa en su empeño. Lleva en las venas la pasión por la fotografía, por colocarse antes que nadie en el lugar exacto y dar la máxima calidad al instante capturado para que veamos y no se nos olvide como late el mundo.

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