Carmen Enríquez y Emilio Oliva presentan "Los Príncipes"


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"Los Príncipes", la nueva obra de Carmen Enríquez y Emilio Oliva

La presidenta del Club Internacional de Prensa, Carmen Enríquez, y Emilio Oliva, también socio del CIP, presentan el próximo miércoles, día 10 de noviembre, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, su nueva obra titulada "Los Príncipes. Preparados para reinar". Los autores estarán acompañados en el acto de presentación por Gregorio Peces Barba y Carmen Valera.

Se trata de un libro imprescindible para quienes quieran saber más acerca de los Príncipes de Asturias, Don Felipe y Doña Leticia. Es una obra seria, documentada, honesta, fidedigna y, por encima de todo, asequible para cualquier persona que quiera conocer un poco mejor a los futuros Reyes de España.

El libro

Desde el momento en que los autores de Los Príncipes se plantearon abordar el proyecto de escribir sobre el futuro Rey de España, tuvieron claro que la obra debía ser no sólo sobre el heredero de la Corona, Don Felipe, sino también sobre su esposa, la Princesa Letizia Ortiz; además de reflejar fielmente el recorrido de su matrimonio, que se inició el 22 de mayo de 2004. Defienden Carmen Enríquez y Emilio Oliva en su libro que, desde la fecha de su matrimonio, ellos forman una pareja, un todo, que conserva intacto su compromiso y que quiere afrontar unida los retos que el futuro ha reservado para ellos.

La obra arranca, de este modo, trazando un perfil ajustado de Don Felipe y Doña Letizia como personas, de forma que el lector pueda conocerlos más a fondo y mejor. También analizan los autores el camino que han hecho juntos, relatando los obstáculos que han encontrado –y superado– y las dificultades de adaptación por las que han pasado, mayores en el caso de la Princesa al entrar en un ambiente que le era tan ajeno.

Para que la opinión pública descarte esa falsa imagen de unos Príncipes que no trabajan, Carmen Enríquez y Emilio Oliva han abordado aspectos concretos de su tarea cotidiana dentro y fuera de su residencia, próxima a la Zarzuela; además de contar cómo se desarrolla su vida familiar –que ellos quieren preservar por encima de todo– y cómo son las relaciones con sus amigos.

Lo que piensan los españoles de la monarquía como forma de Estado, la valoración de la Familia Real que arrojan los sondeos –en los primeros puestos desde hace más de treinta años–, el tratamiento de la imagen de Don Felipe y Doña Letizia de cara a la opinión pública y a la ciudadanía, así como la cobertura que se hace de ellos en los medios de comunicación, son otros de los asuntos analizados en esta obra.

Para la elaboración de Los Príncipes, los autores han buscado los testimonios de muchas de las personas que los conocen bien, que los han tratado tanto en un plano oficial y público, como en un ámbito más privado. También la de los expertos en diversas materias relacionadas con los asuntos que se tratan. En tota,l más de sesenta personas que han accedido a hablar con Carmen Enríquez y Emilio Oliva para contar sus puntos de vista, sus experiencias personales y su opinión particular sobre cómo ven ellos a quienes en un futuro próximo se convertirán en Reyes de España.

Los Príncipes traza un recorrido por esos años cruciales en la vida del heredero de la Corona y su esposa, y realiza un análisis honesto y fidedigno de su trayectoria, desde que decidieron unir sus vidas hasta el momento actual, en el que la Casa del Rey ha iniciado una importante operación de lanzamiento y promoción de la figura política del Príncipe de Asturias. Los autores, por su parte, han creído oportuno este momento para hacer un análisis exhaustivo de la pareja, del tiempo que llevan juntos y de los acontecimientos vividos desde que adquirieron su compromiso personal e institucional, pues siete años de vida en común es el punto que los expertos marcan para entender consolidada una relación.

Una tarea ardua pero apasionante, según Carmen Enríquez y Emilio Oliva, en la que han contado con la colaboración de muchas personas y en la que no han encontrado ni desconfianzas ni temores. Tan sólo unos pocos entrevistados han preferido mantenerse en el anonimato.

Un retrato del Príncipe

Hay que dejar que el Príncipe se muestre como es, un hombre maduro, pleno, responsable y capaz de ser el futuro Rey de España.

El Príncipe tiene fama de estar bien preparado y de tener una magnífica formación para ser Rey. Hubiera podido ser astrónomo –su gran pasión–, abogado, diplomático o incluso piloto de aviación. Sabía que nunca ejercería esas ocupaciones pero en todas puso ese empeño que marca su carácter por conseguir lo que se propone.

Dicen los que le tratan de cerca que al Príncipe Felipe no le gusta precipitarse, que es prudente, perfeccionista, tímido, sumamente educado, disciplinado, bondadoso, dialogante y con gran sentido del deber. Hombre reflexivo y a la vez testarudo, cabezón hasta el límite en ocasiones, Don Felipe gana en las distancias cortas. En eso, según los autores del libro, están de acuerdo todos los que, por alguna razón, han tratado con él.

La historiadora y académica Carmen Iglesias, profesora de lujo del Príncipe desde que comenzó la universidad, valora en él su inteligencia, su entusiasmo por el conocimiento y su curiosidad por las cosas, además de su bondad y su falta de rencor; para José Bono, que durante una semana recorrió junto al Príncipe una docena de localidades castellano-manchegas en 1998, Don Felipe es un hombre prudente, moderado e inteligente, con más interés por ser justo que simpático, “que en eso le gana su padre, el Rey”; Guillermo Quintanilla, su monitor de vuelo cuando estuvo en la Academia General del Aire, cree que el Príncipe es el mejor alumno que ha tenido nunca; el rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Pedro González Trevijano, está seguro de no haber habido en la historia de España ningún Príncipe de Asturias con mejores cualidades formadas que él para ser un gran rey; y Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, cree que el Príncipe es responsable, afectuoso y cordial.

Don Felipe defiende con uñas y dientes su derecho a la privacidad, a ser el Felipe de Borbón y Grecia que figura en su carnet de identidad, sin más privilegios que los de ser marido de su mujer, padre de sus hijas y amigo de sus amigos. Y amistad es, junto a familia, palabra mayor para el Príncipe más íntimo. Hombre coherente que desde muy joven anunció que no se sentía obligado a casarse con una princesa y que sólo se casaría por amor, Don Felipe forma parte hoy del club de los hombres felices desde que se casó, como prometió, con la mujer de la que se enamoró.

Y un perfil de la Princesa

La princesa de Asturias se ha considerado siempre “una mujer luchadora, que ha tenido que esforzarse mucho y a quien nadie ha regalado nada”.

Perfeccionista hasta la exageración, con un afán de superación enorme, obsesionada por no cometer errores y con una curiosidad extrema por aprender. Eso es, a grandes rasgos, lo que opinan los que la conocen bien sobre los rasgos esenciales que trazan el carácter y la personalidad de la Princesa Letizia.

Ella, según la opinión de muchos profesionales de la televisión, creó escuela en su etapa como periodista. Para Antonio San José, director de CNN+ cuando Letizia Ortiz entró a trabajar en esa cadena de noticias, la Princesa era altamente perfeccionista y muy exigente. Muy ambiciosa pero buena compañera a la hora de trabajar, con capacidad para crear espíritu de equipo y transmitir entusiasmo y sin un ápice de arrogancia o altivez. El académico Luis María Ansón, otro de sus jefes en su etapa como periodista, esta vez del diario ABC, cree que la Princesa era más culta que la mayoría de los compañeros con los que trabajaba entonces y una enamorada de la literatura del Siglo de Oro, además de ser una chica moderna y muy avanzada en sus ideas.

Entonces solo era la periodista Letizia Ortiz, pero ahora que es Princesa de Asturias, quienes han tratado con ella coinciden en lo esencial de su carácter, que ya se mostraba con fuerza en su juventud: curiosidad constante, ansia de aprender, gusto por conocer y entender y una inteligente necesidad por perfeccionarse. Así la define Graciano García, director emérito de la Fundación Príncipe de Asturias, quien cree además que ella ha llevado a cabo su tarea con determinación, cumpliendo con sus obligaciones de manera responsable y entregada. “Doña Letizia es afable, cariñosa y alegre. Natural y espontánea; todo fortaleza y bondad, como me dijo un día su abuela”, termina diciendo el creador de los cada vez más prestigiosos premios Príncipe de Asturias.

Según José Bono, ella se parece mucho más a los españoles que cualquier otra Princesa de Asturias en la historia; Manuel Marín, actual presidente de la Fundación Iberdrola y antes presidente del Congreso, cree que Doña Letizia es una mujer espléndida, plenamente consciente de la situación en la que está; Alberto Ruiz Gallardón cree que es “inteligente, observadora y atenta” y Gregorio Peces-Barba piensa que es “muy sensata y que se toma muy en serio su profesión”.

Los rasgos negativos que apuntan algunas personas entrevistadas son la impaciencia, un nerviosismo a veces incapaz de contener, y el hablar demasiado, dando la impresión de ser ella quien lleva la batuta en la pareja. En definitiva, ser “un poco mandona”, defecto este que no se perdona en un país como el nuestro. Para el maestro de diplomáticos Felio Villarrubias, “lo que más le ha costado es acostumbrarse a callar y a no creer que está al mismo nivel que el Príncipe, aunque se nota que se ha ido corrigiendo, pienso que gracias a la Reina”. Cristina Acebal, directora de la revista Diez Minutos, cree que mandona es, aunque no le parece un defecto.

Su preocupación por el perfeccionismo puede también considerarse un rasgo negativo, según el testimonio de algunos entrevistados por los autores de este libro. Pero, en líneas generales, todos coinciden en que es una persona cercana, cálida y amable, inquieta, muy profesional y preocupada por lo que ocurre a su alrededor en la sociedad. Nadie puede decir que no haya cumplido como princesa de Asturias. “Ser Reina no debe de ser fácil pero la Princesa ha hecho milagros en cinco años”, opina una persona muy relacionada con la Casa del Rey que prefiere no revelar su identidad para este libro. Y concluye diciendo que “aunque la aristocracia, el sector más duro con ella, la ponga verde a sus espaldas, delante de ella tendrá que inclinar la cabeza y hacerle la reverencia.

Trabajo, familia, ocio, amigos, aficiones…

Por decirlo de una forma castiza, los Príncipes, y quienes les rodean, tienen un “convenio colectivo” bastante exigente. Muchas horas extras, numerosos días festivos de guardia, imaginarias permanentes, exclusividad total, plena dedicación, exigencia de “atención al público” exquisita, y pocas, por no decir ninguna, posibilidades de réplica a las críticas que puedan recibir, por injustas que sean. Pocas personas responderían a una oferta de empleo que se anunciara en estas condiciones.

Los números cantan: en 2009, según los datos de la Casa del Rey, el Príncipe llevó a cabo 243 actividades oficiales, 86 de ellas en el extranjero; concedió 120 audiencias, 77 de ellas individuales y 43 colectivas, en las que recibió a1.119 personas; realizó cinco visitas oficiales al extranjero, acompañado de su mujer; asistió a la toma de posesión del nuevo presidente de El Salvador, también junto a ella; y estuvo presente en los actos de investidura de los primeros mandatarios de Panamá y Ecuador. Ese mismo año, la Princesa Letizia estuvo presente en 213 actividades oficiales, 68 de ellas internacionales; concedió 19 audiencias propias y acompañó a su marido en otras 42. Además, ambos estudian dosieres, repasan discursos y planean agendas con sus equipos de trabajo, por lo que pocas dudas pueden quedar de que buena parte de su rutina diaria la dedican a lo que es su función. Los dos saben que son piezas fundamentales de la Corona –él más que ella, es obvio– y ejercen como tales a través de sus numerosas actividades, de su presencia en todos los sectores de España y de su acción exterior.

En definitiva, el trabajo del Príncipe sigue siendo, como en su etapa de estudiante, una carrera permanente en la preparación para ser Rey. Doña Letizia, por el contrario, ha tenido que buscar su propio espacio en las actividades de la Casa. Ha ido tanteando sectores en los que ofrecer su ayuda y ha centrado su atención en asuntos relacionados con la salud, la infancia o la educación. Súmese a lo anterior patronazgos y actividades con ONGs, las fundaciones que preside Don Felipe, las inauguraciones o visitas de apoyo a centros de diversa naturaleza o las reuniones que mantienen con grupos profesionales de actividades variadas y tendremos dibujado, más o menos, el mapa de lo que es su agenda de trabajo. Sólo queda esperar, como decía el bisabuelo de Don Felipe, Constantino I de Grecia, “que siempre se esfuercen en conseguir ser perdonados por ser príncipes”.

En cuanto a la familia, los Príncipes viven de forma muy intensa la relación con sus hijas, las infantas Leonor y Sofía, con mucha responsabilidad, queriendo disfrutar de cada uno de los momentos únicos que brinda la paternidad y poniendo el foco en el cuidado, la educación y el bienestar de sus hijas. “Queremos ser los mejores padres para nuestras hijas”, afirmaba el Príncipe tras el nacimiento de la pequeña Sofía, hace ahora tres años y dieciocho meses después de la llegada de la mayor, Leonor. Esta declaración de principios es realmente el eje que guía la vida de la pareja. Una pareja feliz, a todas luces, pues la primera conclusión a la que llega el lector tras repasar los detalles de su matrimonio y el camino que han recorrido juntos es que los Príncipes se quieren. Y entre ellos, desde el principio, ha habido un reparto de tareas que persigue mantener el equilibrio de la balanza familiar. Para ambos está claro que sus prioridades pasan por atender en primer lugar a su familia, sin olvidar ni relegar en ningún momento la tarea institucional a la que les obliga su condición de Príncipes.

Don Felipe y Doña Letizia juegan con sus hijas, les leen cuentos, están con ellas en la hora del baño y en las comidas, las llevan al circo, las acompañan al colegio –el Príncipe por la mañana y la Princesa por la tarde, como corrobora una de las madres que acude con sus hijos al colegio Santa María de los Rosales donde van las infantas, el mismo al que fue el Príncipe– y participan activamente en todos los actos y actividades organizados por el centro escolar.

En el caso de las relaciones con el resto de la familia, si se hace caso de lo que cuentan determinadas personas a media voz desde hace ya un tiempo, la relación entre la consorte del Príncipe de Asturias y su familia política no atraviesa por los mejores momentos. Se habla de un enfriamiento entre Doña Letizia y la Infanta Cristina, muy unida a ella al principio de su noviazgo con Don Felipe, y también de ciertas interferencias en su relación con el Rey. Fuentes próximas al Palacio de la Zarzuela que prefieren no salir del anonimato, lo achacan a que la Princesa no ha hecho todo el esfuerzo que debía hacer de puertas para adentro de palacio.

Con los amigos está claro que su círculo se ha ampliado al sumar cada uno los que ya tenía antes de su relación. Letizia ha aportado, a ese reducido y cercano círculo de amigos que mantienen, a personas de los distintos medios de comunicación en los que ha trabajado: Sonsoles Ónega, Inma Aguilar, Juan Seoane, María Oña, Alex Grijelmo, Pepa Fernández, Lorenzo Milá o Alfredo Urdazi son algunos de ellos. Por parte de Don Felipe hay que añadir a algunos compañeros de colegio, como Álvaro Fuster y Javier López Madrid, sus primos Pablo y Nicolás de Grecia, el regatista Fernando León, o extranjeros como Christopher Dennis y Christopher von Reiche. Con ellos comparten el poco tiempo de ocio que tiene los Príncipes, en su residencia cercana al palacio de la Zarzuela o en restaurantes y locales de moda de la capital.

Deporte, música, lectura, baile y cine son algunas de las aficiones que comparten los Príncipes de Asturias, entre ellos y con sus amigos. Él además es un enamorado de los perros, algo que no entusiasma tanto a Doña Letizia, según dicen quienes la conocen bien.

¿Qué dicen los sondeos?

“La mayoría de la gente está más cerca de la Familia Real de lo que imaginamos. No lo digo yo sino los sondeos, uno tras otro desde hace más de veinte años”, explica Juan Díez Nicolás, director y propietario de ASEP, la empresa de investigaciones sociológicas y de sondeos de opinión que desde hace más de dos décadas sigue la evolución de la imagen de la Corona y de sus integrantes. Y es que la Corona ha sido siempre una de las instituciones más valoradas del Estado y la monarquía parlamentaria la forma de Estado preferida por los españoles por goleada. Belén Barreiro, anterior presidenta del CIS –la otra gran empresa española de investigaciones sociológicas– corrobora esta afirmación. Y deja claro que no habla ella, sino los datos.

En cuanto a los Príncipes, se mantienen en los puestos altos de los sondeos que se hacen para valorar la confianza y cariño de la gente hacia quienes ocupan cargos públicos. En 2009 el ranking lo encabezaba Adolfo Suárez, seguido de Barack Obama, el Rey Juan Carlos, el Príncipe Felipe, la Reina Sofía y la Princesa Letizia. Los políticos quedaron mucho más a tras: Trinidad Jiménez ocupaba el puesto decimotercero, José Luis Rodríguez Zapatero el 23 y Mariano Rajoy el 32.

El delicado tema de la imagen

La realidad es que en Zarzuela los temas de la imagen siempre se han manejado a la antigua, sin especialistas dedicados exclusivamente a esta labor. Ellos cuentan con que la “materia prima” con la que trabajan es de primera calidad. Como corroboran los sondeos, esta idea clásica ha sido eficaz durante años, a lo largo de las tres décadas que la Corona lleva actuando al amparo de la Constitución de 1978. Pero las imágenes públicas de sus integrantes se nutren casi por completo de retazos de su actividad oficial, mientras que sus facetas humanas, más personales, quedan ocultas por el celo profesional de quienes les protegen. Y los tiempos cambian. La sociedad no es la misma que hace apenas diez años y las técnicas de comunicación han cambiado dramáticamente.

Para Javier Hernández, el profesional que creó la marca de “las Koplowitz”, “la imagen de los Príncipes se encuentra en un momento decisivo. Es el momento de ver que la institución monárquica se prolonga a través de ellos sin hacer ruido y que toda esa preparación que se dice que tienen es una realidad que da servicio al país”. Una idea con la que parecen estar de acuerdo los responsables de estos asuntos en la Casa del Rey, con Ramón Iribarren como máximo responsable de comunicación a la cabeza, que se han marcado como objetivo prioritario potenciar la figura política del Príncipe de Asturias, futuro Rey de España.

Y mucho más

La moda según la princesa Letizia: sus peinados, sus zapatos –que ya todo el mundo conoce como “letizios”–, los modelos con los que se viste, siempre de diseñadores españoles, o sus retoques estéticos ocupan otro de los capítulos de este libro, junto al gusto de Don Felipe por “lo clásico” y la ropa informal. También escriben Emilio Oliva y Carmen Enríquez en su obra sobre el trato que les da la prensa, ya sean medios serios, prensa rosa, amarilla o de cualquier color; sobre el ansiado equilibro que busca la pareja entre lo público y lo privado, entre sus obligaciones institucionales y la legítima y necesaria vida familiar; sobre su relación con los periodistas o sobre el riesgo que supone la información –muchas veces basura y casi siempre anónima– que circula por Internet.

Protocolo, seguridad y otras limitaciones también son analizados en el libro, así como lo que supone Asturias en la vida de los Príncipes, su relación con los Premios Príncipe de Asturias, los Premios Príncipe de Viana y la Fundación Príncipe de Gerona.

Otro de los capítulos de Los Príncipes está dedicado a otros príncipes herederos de las cortes europeas y de la corte de Japón; y los últimos capítulos de este libro, escrito conjuntamente por Carmen Enríquez y Emilio Oliva, están dedicados al tema de la sucesión y al futuro de la monarquía española. En este sentido, lo que deberán lograr los príncipes de Asturias es que los españoles los consideren merecedores de ser sus Reyes. Desde luego, como decía Bob Dylan en una de sus más populares canciones, la respuesta está en el viento. Y para ello deberán lograr que el viento sople a su favor. Esa es la misión que habrán de alcanzar estos jóvenes príncipes de Asturias que los autores de este libro han pretendido dar a conocer.

Los autores

Carmen Enríquez. Periodista y escritora nacida en Berja, Almería. Licenciada en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y titulada en Periodismo por la Escuela Oficial de Madrid. Ha desarrollado toda su vida profesional en Televisión Española, medio en el que ha sido Jefa de Política Nacional y corresponsal ante la Casa Real de 1990 a 2007. Es autora del libro "Tras los pasos del Rey", que recoge experiencias y reflexiones sobre su trabajo de seguimiento de la Familia Real, y coautora de "Tengo 50 años, ¿qué me pasa, doctor?" y "Viva 100 años pero vívalos bien".

Emilio Oliva (Murcia, 1949). Es periodista de una sola empresa, la Agencia EFE, para la que desde 1976 ha sido delegado o corresponsal en México, Perú, Sudáfrica, Puerto Rico, Canarias y Murcia. Ha ocupado también en esta empresa los puestos de jefe de Información Política, redactor jefe, director de Nacional y, durante ocho años, responsable de Información de la Casa Real.

Ambos son autores de "Doña Sofía. La reina habla de su vida" (Aguilar, 2008).


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