Entrevistas con ex Presidentes del CIP


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Entrevista a Robbert Bosschart

El periodista y escritor Robbert Bosschart es corresponsal en España de la televisión holandesa NOS. Comenzó a trabajar  en España para diversos medios extranjeros en los años sesenta, y hoy sigue informando sobre la actualidad española a la audiencia holandesa. Fue presidente del Club Internacional de Prensa en 1996. Con él continuamos las serie de entrevistas a ex presidentes del CIP en los que repasamos aspectos de su vida profesional y analizamos la profesión periodística, el papel de los corresponsales en la actualidad, los nuevos canales de comunicación, etc.

 

.- Se hizo miembro del Club Internacional de Prensa a finales de la década de los 60 del siglo pasado. ¿Qué papel desempeñaba el CIP a la hora de relacionar a los periodistas españoles con sus colegas extranjeros?
El Club de la calle Pinar era un lugar magnífico para el encuentro de periodistas nacionales y extranjeros. Además era un sitio muy “digno” para citarse con algún personaje que quisieras entrevistar, o simplemente para charlar; y me parece recordar que se comía muy bien.
En el año 1969, cuando empecé a frecuentarlo, aún no vivía yo en la capital, y de hecho era el primer sitio al que me dirigía al llegar a Madrid. Siempre te enterabas de algo interesante. Al igual que otros colegas extranjeros, yo debía muchísimo a la información que me pasaban amigos españoles de la profesión.
En mi caso, sobre todo le debo una enorme gratitud a Horacio Sáenz Guerrero, Director de La Vanguardia, que me pasaba noticias que su periódico no podía publicar por la censura franquista.

 

.- ¿Recuerda algún caso?

Por ejemplo, cuando el entonces dictador Franco decretó un estado de excepción en España para enfrentarse a ETA (entre otras cosas con el llamado Proceso de Burgos, poniendo a dirigentes de ETA ante un consejo de guerra para sentenciarlos a muerte en 1970) la censura era feroz. Si no hubiera sido por Horacio, nunca me habría enterado a tiempo de una reunión pública de  protesta contra el Juicio de Burgos que iba a ser un notición a escala internacional.
No era para menos: unos 300 artistas e intelectuales reunidos en la abadía de Montserrat se atrevieron a firmar una denuncia contra un consejo de guerra de Franco – y entre ellos estaban los pintores Joan Miró y Antoni Tàpies, cantores como Joan Manuel Serrat y Raimón, la actriz Nuria Espert y otra mucha gente conocida. El régimen de Franco intentó silenciarlo y para empezar mandó a la Guardia Civil a cortar todas las carreteras a Montserrat. Evidentemente, los medios españoles no podían dar a conocer nada de esto. Pasar la noticia a un compañero extranjero como yo servía para “saltarse la censura por fuera.”

 

.- En 1966 llegó a estar detenido por asistir y cubrir el encierro estudiantil  en el convento de capuchinos de Sarriá de Barcelona, la Capuchinada…
Ah sí, estoy muy orgulloso del atestado policial que todavía guardo y que confirma que soy el único extranjero al que la policía política de Franco detuvo durante aquella llamada “Caputxinada”, donde echó a andar la organización democrática de universitarios contra el régimen. Cuando salí del convento (que ya estaba rodeado por la policía) para intentar dar la noticia a mi gente, me metieron en el calabozo.
Quizá lo que más me gusta del atestado del interrogatorio es que me hice el tonto de manera tan convincente que la policía concluye que yo no me había enterado de nada. Ahora bien, en otras ocasiones los periodistas extranjeros  realmente no nos enterábamos de lo que hacía la oposición clandestina, ni tampoco de maniobras internas en el régimen, hasta que no nos lo contaban los compañeros españoles.

 

.- ¿Cómo presionaba el régimen de Franco a los corresponsales extranjeros en España?
Los ministerios de Información, y de Exteriores tenían gente que leía con lupa todo lo que publicábamos. Supongo que se enfurecían un día sí y otro también por nuestra falta de respeto para con las autoridades de Franco para abajo. En algún caso en que habíamos sido muy críticos, o habíamos logrado publicar algún documento de la oposición clandestina que la censura ya creía haber “tapado” (me acuerdo de uno que describía las torturas aplicadas por la policía política), nos “llamaban al orden”.
Es decir, que amenazaban con represalias: básicamente diciendo que nos retirarían la acreditación y nos expulsarían de España. No soy, ni con mucho, el corresponsal más afectado; sospecho que ese honor sería para José Antonio Novais, de “Le Monde”. Pero sí puedo testificar que hubo ese tipo de amenazas; a mí en una ocasión me telefonearon del Ministerio de Información para decir que fuera haciendo la maleta, porque en cosa de minutos se iban a presentar los policías que me llevarían a la frontera.

 

.- Es usted el corresponsal en activo más veterano de los acreditados ante el Gobierno español. ¿Cómo ha cambiado la figura del corresponsal en los últimos años?
Evidentemente, hay una diferencia entre el esfuerzo informativo durante la dictadura, y el trabajo de un periodista en democracia. El régimen de Franco nos dificultaba en lo posible el contacto con los españoles que querían el cambio. Recuerdo que era una odisea ir a la calle con una cámara de TV para grabar, pues en cualquier esquina te podía aparecer algún uniformado exigiendo ver permisos y diciendo que te iba a quitar la cámara.
Otra diferencia entre entonces y ahora es la que sufren todos los periodistas, españoles y extranjeros por igual: nuestros medios no tienen dinero –o no lo quieren gastar en obtener buena información cuando resultan mucho más baratos las tertulias, los chismes y el deporte– y nos atan corto. Aparte que lo de “Spain is different” ya no es tanto: el tema vende menos que antes.

.- Usted es corresponsal de una televisión pública. En un momento crisis económica, en el que los medios privados tienden a cerrar corresponsalías, ¿cree que la figura del corresponsal sólo se puede mantener en los grandes medios públicos?
Desde siempre fue un lujo que sólo se podían permitir los grandes. Incluso en la época cuando España era previsible “noticia de portada” y había hasta 400 corresponsales aquí, la mayoría tenía que servir a varios medios a la vez, porque sólo los “grandes” pagaban tanto que un corresponsal pudiera vivir y trabajar con ese único sueldo.
Y seguramente será aún más “lujo”, porque cada vez más los dueños de los medios creen que ya llegará suficiente información a la redacción por vía digital, como para no (o apenas) necesitar un corresponsal fijo sobre el terreno. Así que estarán menos dispuestos a pagar. Es incontestable que ahora por Internet y las redes sociales llegan ríos de información de todas partes y a todas horas – pero otra cosa es tener unos profesionales capaces de evaluar todo eso.
Todo esto es aplicable tanto a los grandes medios públicos como a los privados. Estoy seguro que también seguirá habiendo unos pocos –muy pudientes- medios privados dispuestos a pagar por tener sus propios ojos y oídos en otros países.

 

.- Es usted muy crítico con el momento por el que atraviesa el periodismo. ¿Se hacía mejor periodismo antes?
Sí; pero no digo en absoluto que había mejores periodistas antes. Lo que pasa es que ahora los dueños y los cajeros, cuyo papel determinante en el contenido de los medios se está volviendo más desproporcionado cada día, tienen otra percepción de lo que su público demanda y/o merece.
Desde luego, antes se daba mucha más información de fondo. Quizá los que hoy deciden sobre eso, creen que sus lectores/oyentes/telespectadores/usuarios de tablet etc ya se buscarán ellos mismos la información que falta – en Google y Wikipedia, supongo. A mi juicio, eso no ha mejorado el periodismo que se ofrece al público.
Pero claro que sigue habiendo periodistas igual de buenos, cuando no mejores, que los de antes. A veces veo maravillosos trabajos que, excepcionalmente, sí han gozado del apoyo de las direcciones de sus medios, con buena información de fondo. Por ejemplo, en Antena-3 vi una explicación sobre el “Coltán”, ese misterioso conglomerado de minerales indispensable para todos nuestros aparatos electrónicos, que era un reportaje excelente.

 

.- ¿Cómo deberían reaccionar los medios, no sólo los periodistas, ante situaciones como las declaraciones de políticos (y en otros sectores) en las que no se  aceptan  preguntas?
Eso que se ha dado en llamar “comparecencias”, que vienen disfrazadas de rueda de prensa pero en realidad son actos de pura propaganda o publicidad, o sea eventos donde los periodistas sólo hacen de comparsas de un teatro de marionetas, son un desprecio. Pero no sólo un desprecio a los periodistas, sino sobre todo un desprecio a la audiencia, a los ciudadanos que con sus impuestos pagan el tren de vida que llevan es@s que “comparecen”. Los ciudadanos tienen pleno derecho a que, en su nombre, los periodistas hagan preguntas, siempre y en todo lugar.
Las “comparecencias” son un escarnio a la democracia y no deberían de permitirse. De hecho, hay países democráticos donde esa práctica es inimaginable. Creo que organizaciones profesionales como el CIP, la ACPE, la FAPE y similares deberían promover un pacto con los dueños de los medios, que permitiera a los periodistas negarse a hacer de comparsas.
Es decir, para que en el momento en que cualquier jefe de prensa anunciase “no hay preguntas”, todos los periodistas al unísono se levantaran y se marcharan y se hiciera constar así en la información. Verías qué pronto se acabarían las “comparecencias”…

 

.- Hasta hace muy poco, los periodistas se documentaban,  escribían y preguntaban; los fotógrafos hacían fotografías; los cámaras grababan… Ahora al periodista se le pide que sea multimedia,  que escriba, fotografíe, grabe, edite, etc. ¿Le gusta el modelo?
Ni loco. Es otra forma más de la nueva explotación del siglo XXI, en la que los ricos se hacen más ricos según vayan logrando reintroducir la esclavitud bajo otros nombres. Evidentemente les da igual la calidad de lo que se le ofrece al público, que es el que paga y merece el mejor producto posible. ¿Por qué antes había esas especializaciones, si no era para ofrecer mejor calidad?

 

.- Las redes sociales han transformado el mundo, también la comunicación, y hoy cualquiera se convierte en periodista callejero, da noticias o las fotografía. ¿Cómo condicionan las redes el trabajo de los periodistas?

Cuanta más información haya disponible,  podremos aprender más y llegar a saber. Y eso es bueno. Pero el fenómeno viene acompañado de una inmensa cantidad de desinformación (mentiras interesadas, insultos y estupideces) que resulta cada vez más difícil cribar. Mi autor preferido, Neal Stephenson, en su libro ”Anathem” plantea una civilización en la que hacen falta “razas” enteras de especialistas para destapar antiguas estupideces repetidas hasta la saciedad y para purgar la red de ellas. Me temo que el tiempo acabará por darle la razón también en eso.

 

.- ¿Es usted usuario de redes sociales? ¿Por qué?
Sí y no. Por unos libros que escribí, tengo una página en Facebook,  pues mi editora lo imponía, y una “author page” en Amazon; pero apenas las miro. Por el contrario sí soy usuario muy frecuente de Internet para acceder a todos los periódicos del mundo, y para buscar información fiable sobre una gran multitud de temas que me interesan. Es una maravilla la cantidad de datos auténticos que se encuentran ahí. Además, con una inmediatez que es un regalo para colmar mi inacabable curiosidad. Eso, además de utilizar con gusto mi eMail y mi WhatsApp, claro.

 

.- ¿Qué noticias de España interesan más al público holandés? ¿Le cuesta convencer a sus editores para “venderles” temas de España?
Al público, creo que le interesan todas las noticias sobre lo humano y lo divino que puede uno encontrar aquí, si se cuentan bien. Pero a los editores (y más a los que les mandan a ell@s) cuesta cada vez más “venderles” España, a no ser que sea algo relacionado con Holanda o con personajes conocidos en Holanda. Quiero decir que resulta tan “vendible” la reina Máxima en una visita a España, como Obama. Y claro, todavía funcionan las noticias  “esperpénticas” o folclóricas  que España también produce.
Pero es evidentísimo que, en gran medida, éste ya es un país democrático  y normal en Europa (gracias al cielo) y por tanto menos “noticiable” que antes. Una vez contada la noticia, ni siquiera la terrible cantidad de nuevos pobres -incluido un porcentaje nunca visto de niños-, ni la espantosa falta de reacción de las autoridades ante ese desastre, logran ya mucha cobertura en los medios del resto de Europa. 

 

.- ¿Cómo perciben a los españoles los holandeses? ¿Hemos superado los estereotipos?
En lo referido a la información que se consume allende las fronteras, lo dudo. Creo entender que los sanfermines y la tomatina siguen encabezando el ranking a escala mundial.
Pero claro, dentro de la España actual se gasta, a favor de ciertos estereotipos, una cantidad increíble de energía y de dinero que podrían dedicarse a algo mejor que en alimentar esos prejuicios o estereotipos regionales, utilizados para beneficios particulares.
Lo que sí sirve para superar esos estereotipos es que la gente viaje y se conozca. Millones de holandeses hacen sus vacaciones en España. En ese sentido vamos a mejor, cosa que me encanta.