En la muerte de Jorge Semprún


ImprimirPDF

In Memoriam.

Se notaba que le quedaba poco tiempo de vida y el dolor era evidente en cada uno de los rasgos de su rostro. Pero Jorge Semprún, figura frágil, mermada por el paso de los años, pero con la fuerza intacta de su lucidez intelectual, quiso acudir a recoger el Premio que el Club Internacional de Prensa le había concedido por la defensa de los valores humanos a lo largo de su vida y en toda su obra. Lo recibió emocionado, según dijo, porque venía de España, su país de origen, y lo agradeció en el alma porque era un reconocimiento de los periodistas españoles. Quizá también porque sus compatriotas nunca fueron muy generosos a la hora de reconocer sus incontables méritos.

Estaba pendiente de una operación que aliviara algo sus terribles dolores de espalda que hacía que invariablemente me contestara cada vez que le preguntaba cómo se encontraba, en las conversaciones previas a la entrega del premio del CIP, “mal, estoy mal”. Pero conservaba la esperanza en esa intervención, aunque en el fondo supiera que probablemente no se la iban a poder hacer debido a las posibles complicaciones de una dolencia coronaria que frenaba su paso por el quirófano.

Después de entregarle el galardón, que apenas podía sostener en sus manos, pude comprobar que aunque su vida estaba pendiente de un hilo, mantenía intacta su actividad literaria: “no sé hacer otra cosa que escribir”. Dos obras al mismo tiempo ocupaban la mente de un autor tan comprometido con la vida como Semprún, una novela y un ensayo. “El dilema es que sé que me queda poco tiempo y no tengo claro cual debo acabar antes”. Quizá la novela, me atreví a sugerirle, porque no será sólo una novela, seguro que dentro de ella habrá muchas cosas más. Me sonrió y cambió de tema. Estaba tan cansado…

El sentimiento ahora es agridulce. Por un lado la pena de su marcha, con él desaparece un testigo crucial de la historia del siglo XX. Por otra, el agradecimiento por dejarnos el testimonio vivo de su experiencia a través de sus libros. Y por último, la satisfacción de haberle conocido y tener la oportunidad de mostrarle nuestra gratitud por ser un referente de la honestidad, la coherencia y el compromiso con la libertad.

Carmen Enríquez.
Presidenta del CIP.